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(Narración transcrita desde el suplemento del Periódico Maipú, editado con motivo del 5 de Abril de 1979).
Nunca un abrazo había pasado a la eternidad histórica.
Jamás la historia grabó antes en sus páginas de la inmortalidad la sinceridad de dos hombres, la emoción de dos corazones y dos pechos que se juntan para reconocerse mutuamente sus actos de heroicidad.

Así pues, este abrazo memorable el ABRAZO DE MAIPU quedará en el recuerdo de chilenos y argentinos para todas las generaciones de ambas Repúblicas, consolidada su libertad y su Independencia en la gran batalla.
O’Higgins enfermo, con su brazo derecho inmovilizado y su rostro afiebrado, pero siempre resuelto, montó y se puso a la cabeza de unos mil milicianos de caballería, y de un galope llegaron a unas lomas de los alrededores de Maipú. Desde allí contempló O’Higgins todo el espectáculo: las tropas chilenas corrían tras las realistas que huían hacia las casas de Lo Espejo. “Quizás en ese instante sintió como nunca el lastre de su brazo roto”, anota un historiador.
No pudo contenerse, y corrió al sitio del Estado Mayor, señalado por una bandera chilena que flameaba al viento otoñal de abril.
Allí estaba San Martín dirigiendo todas las alternativas de la Gran Batalla. Se le acercó presuroso O’Higgins y con emoción no contenida, le estrecha con su brazo izquierdo y le dice “¡Gloria al salvador de Chile!”. Fue un abrazo de hombres, de héroes, que con sinceridad se reconocían su valer.
También emocionado San Martín le dice en alta voz: “¡GENERAL, CHILE NO OLVIDARA JAMAS EL NOMBRE DEL ILUSTRE INVALIDO QUE EL DIA DE HOY SE PRESENTA AL CAMPO DE BATALLA EN ESTE ESTADO!”
El bronce, el mármol, la pintura y la filatelia han inmortalizado con acierto artístico esta brillante página de nuestra historia.