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Por Raúl Tellez Yáñez, Presidente del Instituto O’Higginiano
(Tomado del Boletín Informativo Gráfico, editado por General Insa en abril de 1968)

“Y como Valdivia desde la Chimba, el valle de la orilla norte del río, donde hoy se extiende la Cañadilla o barrio Independencia, pareciese querer establecer allí, el cacique señor del valle de Maipo, Loncomilla, cuyo nombre significa “Cabeza de Oro”, le designó otro sitio mejor en la otra banda del río, donde existía un rancherío indígena. Fue esta la Cédula original de nuestra Capital. Ahí le dieron la paz catorce caciques de la comarca. Entre ellos Millacura, de la ribera del Maipo, Incagerulonco o Incageruloneo de los Cerrillos de Apochame (Maipú), Hualagara de La Dehesa y Huelén Huara Señor de la tierra y cacique del Huelén, es decir, del suelo mismo donde iba a levantarse Santiago del Nuevo Extremo”. (Santiago de siglo en siglo). Esta es la primera información referente al que había de ser el pueblo de mayor trascendencia histórica de la República.

Siguiendo la búsqueda de antecedentes, nos encontramos con las Actas del Cabildo de 1541 en las cuales aparece el Encomendero Diego de Oro, como propietario de las tierras de Incagerulonco; luego Diego de Oro (hijo). Sin embargo, y en forma brusca, figura en el Llano de Maipo la familia Gutiérrez de Lo Espejo, presidida por el general don Pedro Gutiérrez de Lo Espejo y que se mantiene por seis generaciones, hasta 1645. La familia de este apellido había llegado a Chile con el presidente Tomás Marín de Poveda.

Más tarde, Mateo Lepe, con numerosa prole, es poseedor de la hacienda. Nadie se interesa por los sitios eriazos que hay alrededor del Maypo y los mantienen en abandono hasta que aparece don Pedro Ignacio del Villar García (chileno), en 1801, viudo de doña María de las Mercedes de la Barrera, hijo de Ignacio del Villar Fernández, español, y de Josefa García, chilena.

Don Pedro era hombre de visión y en 1801 adquiere la enredada tierra de Lepe a sus herederos en tres mil pesos de 8 reales en “efectivo de contado y sobre tabla en plata sellada” y no les importa que haya otros con tanto derecho como ellos y, por el hecho de encontrarse en el Perú, los pasan por alto. “Esta suerte de tierra” muy pronto estará convertida en grandes viñedos, bien regados, y don Pedro que, pese a lo que asevera don Benjamín Vicuña Mackenna, jamás fue cubano sino chileno de pura cepa, convertido en el primer chichero del país.

Don Pedro pasó a ser el propietario de todos los sitios desde el linde de Santiago del Nuevo Extremo hasta el Río Maypo. Miles de problemas habrían de presentársele, él los sortea todos. Pero hubo uno al cual no pudo rehuir: la muerte.

Hace su testamento ante Agustín Díaz, Escribano de Su Majestad y Público, a 22 días del mes de Abril de 1804 y en él consigna:
“Ordeno y mando que todos los fundos rústicos de mi particular dominio con todo lo edificado y plantado en ellos, los utensilios, herramientas y aperos que en ellos se encuentren, a excepción de los ganados mayores y menores, queden por fundo y capital con el remanente de todos los demás de mis bienes para la fundación de un hospital que ha de erigirse impetrando para ello la licencia del Rey Nuestro Señor”.
“Se erigirá el nuevo hospital que llevo ordenado bajo el nombre Hospital Patriótico del Señor San Juan de Dios”.
El legado abarcaba las Haciendas de El bajo y de Espejo y las Tierras de Lepe (Llano de Maipo).
El 18 de noviembre de 1816, Marcó del Pont autorizó al hospital vender 4.962 cuadras a censo y por hijuelas a razón de cuatro pesos la cuadra.
En 1818, comenzó la parcelación del Llano del Maypo en pequeñas hijuelas de 25 cuadras, pero el 8 de febrero de 1821, el Senado estableció que se reservarían 100 cuadras para la formación de una Villa, cuya población y parroquia empezarían a costearse con los réditos obtenidos durante el primer año de la venta de las hijuelas. De aquí arrancó el origen de San Bernardo, cuyo nombre fue dado en homenaje a O’Higgins.
El 5 de abril de 1818, don Fernando Errázuriz y Aldunate tenía arrendada a censo la Hacienda Lo Espejo, que debió su nombre a la aristrocrática familia española Gutiérrez de Lo Espejo. Aquí se libró la famosa Batalla de Maipú que dio libertad a Chile y contribuyó poderosamente a la emancipación de la América española. Medía 6 mil cuadras.
Don Fernando y su esposa doña Carmen Sotomayor y Elzo habitaban Lo Espejo y allí testan el 12 de agosto de 1841.

Siguiendo la narración de lo que nos interesa: Don José Manuel recibe por herencia la hijuela de la hacienda Lo Espejo denominada de “El camino”, que en ese entonces valía 60 mil pesos; Doña Tadea, soltera, la hijuela llamada de “El Medio”, donde estaban las casas principales donde se efectuó la batalla; y don Pedro, la hijuela denominada La Rinconada de Lo Espejo, que medía 2099 cuadras.
Sin duda, que don José Manuel tuvo mala suerte, pues sus acreedores le asediaron y hubo de llevar a remate el 6 de junio de 1861 su herencia de “El Camino” denominada así “porque da vista al Camino Real a Melipilla, mide 810 cuadras”.

El 7 de enero de 1862, ante el juez Francisco Ugarte Zenteno, se remataron las hijuelas 2 y 3 de los bienes de don José Manuel Errázuriz S., pasando ellas a manos de los señores Ramón y Juan Bautista Infante, antepasados del distinguido alcalde de Maipú don José Luis Infante Larraín.

La hijuela de los Bajos o de Las Casas y cuyos terrenos miden 744 cuadras pertenecen a la familia de don Francisco Javier Salas, pues él hizo entrega a sus hijos que “van siendo mayores de edad”, aunque ellos no lo solicitaron:
Y así fue dividiéndose la vieja hacienda de Lo Espejo, hasta que en nuestros días sólo conservan sus heredades los Errázuriz, Infante, Llona, Salas, Riesco, Pérez, etc, y miles de nuevos propietarios que forman el glorioso pueblo de Maipú.